La Sabiduría del Sauce

índice

¿Cuál es el significado de la vida?
¿Por qué es que las personas envejecen y mueren?

A pesar de su juventud, esas preguntas perturbaban la mente del Pequeño. Pidió a los ancianos acerca de ellos, pero sus respuestas no le satisfacía. Por fin, sabía que sólo había una cosa que hacer. Tendría que buscar las respuestas en sus sueños.

Pequeño se levantó muy de mañana y oraba a Kon Wah-Tah ayuda. Luego se alejó del pueblo, al otro lado de la pradera y hacia las colinas. Él no llevó nada consigo, ni comida ni agua. Él estaba buscando un lugar donde ninguno de su pueblo lo viera, un lugar donde una visión pudiera llegar a él.

Pequeño fue caminado un largo camino. Cada noche acampaba en un lugar diferente, con la esperanza de que sería lo más adecuado para darle un sueño que pudiera responder a sus preguntas. Pero ningún sueño tal vino a él.

Por fin llegó a una colina que se elevaba por encima de la Tierra como el pecho de un pavo. Un resorte brotó de las rocas cerca de la base de un gran olmo. Era un lugar tan hermoso que parecía estar lleno del poder de Wah-Kon-Tah. Pequeño se sentó junto a la base del árbol de olmo y esperó a la puesta de Sol. Pero aunque él dormía, de nuevo sin señal fue dada a él.

Cuando se despertó a la mañana siguiente, estaba débil por el hambre. “Tengo que volver a casa”, pensó. Estaba lleno de desesperación, pero sus pensamientos eran de sus padres. Había estado ausente mucho tiempo. A pesar de que se esperaba que un hombre joven sólo busca orientación de esta manera, Pequeño sabía que iban a estar preocupado por él. “Si no vuelvo aunque todavía tengo la fuerza para caminar”, dijo, “Voy a morir aquí y mi familia nunca encontrar mi cuerpo”.

Así Pequeño comenzó a seguir el pequeño arroyo que se alimenta de la primavera. Fluía de las colinas en dirección a su pueblo, y que confiaba en él para llevarlo a casa. Caminó y caminó hasta que ya no estaba lejos de su aldea. Pero mientras caminaba a lo largo de esa corriente, tropezó y cayó entre las raíces de un viejo sauce. Pequeño se aferró a las raíces del árbol de sauce. A pesar de que trató de levantarse, sus piernas eran demasiado débiles.

“Abuelo”, le dijo al sauce, “No es posible para mí seguir adelante”.

A continuación, el sauce antiguo le habló. “Un poco”, dijo, “todos los pequeños siempre se aferran a mí por ayuda, lo que les supone caminar a lo largo del gran camino de la vida. Comuníquese con la base de mi tronco, que envía esas raíces que me tiene firme en la Tierra. Ellos son el signo de mi vejez. Ellas se oscurecen y se arrugan por la edad, pero siguen siendo fuertes. Su fuerza proviene de confiar en la Tierra. Cuando los Pequeños me usan como un símbolo, no van a dejar de ver la vejez como viaja a lo largo del camino de la vida”.

Esas palabras dieron fuerza al espíritu de Pequeño. Se puso de pie y empezó a caminar. Pronto su propio pueblo estaba a la vista, y cuando se sentó a descansar por un momento en la hierba de la pradera, mirando a su pueblo, otra visión vino a él. Vio ante él la figura de un anciano. El anciano le resultaba muy familiar, a pesar de que Pequeño nunca lo había visto antes.

“Mírame”, dijo el anciano. “¿Qué ves?”

“Yo veo a un anciano cuyo rostro se arrugó con la edad”, dijo Pequeño.

“Mírame otra vez”, dijo el anciano.

Pequeño miró, y mientras miraba, la lección que le mostraba el árbol de sauce llenó su Corazón. “Veo a un hombre de edad vestido de forma sagrada” Pequeño dijo: “El aleteo hacia abajo del Águila adorna su cabeza. Te veo, mi Abuelo. Veo a un hombre de edad con el tallo de la pipa entre los labios. Te veo a ti, mi Abuelo. Su ser es firme y arraigado a la Tierra como el sauce antiguo. Veo que estás entre los días que son tranquilos y hermosos. Te veo, mi Abuelo. Veo que se mantiene firme de pie a medida que se interponen en su casa de campo, mi Abuelo”.

El anciano sonrió. Pequeño había visto verdaderamente. “Mi hermano menor”, dijo el anciano, “tu mente está fija en los días que son tranquilos y hermosos”. Y entonces él se había ido.

Ahora, el Corazón de Pequeño se llenó de paz, y al entrar en el pueblo, su mente que antes estaba preocupada ya no tendría las inquietudes con esas preguntas sobre el significado de la vida. Porque sabía que el anciano que había visto era él mismo. El hombre anciano era él mismo, Pequeño, como él sería cuando se convirtiera en un anciano, lleno de esa gran paz y sabiduría que dan fuerza a todas las personas.

Desde ese día, Pequeño comenzó a pasar más tiempo escuchando las palabras de sus mayores cuando hablaban, y de todos los hombres jóvenes de la aldea, él era el más feliz y el que más saberes contenía.

– Osage
Plumas de Aguila.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s